diumenge, 9 d’agost de 2009

Omega

El verano es tiempo de patios y terrazas abiertos y de compartir olores, ruidos, conversaciones y músicas.
El otro dia, una melodía procedente de un patio lejano me hizo pensar en Omega, el gran disco grabado por Enrique Morente a mediados de los 90.
Omega fue una propuesta única, arriesgada y difícil que afortunadamente salió bien y tuvo éxito. Juntar el “jondo” de Morente y muchas de las mejores guitarras del momento ( Vicente Amigo, Cañizares, Tomatito....) con el grupo de rock “Lagartija Nick”, para interpretar el más complejo de los Lorca: Poeta en Nueva York, en algunos casos en versiones musicales de Leonard Cohen, y que salga bien, tiene un gran mérito. El disco es absolutamente recomendable.
A pesar de tenerlo un poco oxidado, el cante jondo ha sido siempre una de mis músicas preferidas: pocas hay en el mundo tan intensas y auténticas.
Mís preferencias en lo “jondo” son bastante clásicas. Aun a riesgo de enfadar a algún amigo gitano, Camarón, sin quitarle ningún mérito; no es mi preferido; me gusta más Morente y el José Meneses y el Fosforito de hace veinte o treinta años, y antes Mairena o el Caracol.
Hay un tema en la cultura flamenca y, gitana en general, que siempre me ha hecho reflexionar: lo más querido y lo más valorado es el cantaor y lo és por que tiene un don, algo que no se aprende, por lo que no te has de esforzar. Se valora un privilegio que te da la naturaleza o dios.
El músico, el guitarrista, que tiene que aprender, que tiene que esforzarse, por muy bueno que sea, tiene un paper secundario.
Ya sé que, afortunadamente, por lo que supone de falta de estimulo al esfuerzo personal,
esta dinámica ha ido cambiando, pero al mismo tiempo nadie duda que el próximo mesias será, otra vez, un cantaor.