dilluns, 14 de juny de 2010

Europa


No sé si es el tiempo gris y melancólico o que en realidad el Mediterráneo me provoca pasión y Europa escepticismo, pero en estos días tengo la sensación de que el barco europeo está embarrancado y nadie tiene interés en el proyecto común.
No podemos negar que 25 años de Unión Europea, nos han traído beneficios económicos y estabilidad monetaria, tampoco, que los países del norte y especialmente Alemania se han beneficiado, aún más, de un mercado unificado y sin aranceles. Todos contentos.
Ahora llega una época de vacas flacas y la solución es imponerle al sur una política draconiana para defender los intereses de los bancos alemanes, que han invertido demasiado en la burbuja inmobiliaria española y en la norteamericana. ¿Como es posible que los “inteligentes” banqueros alemanes, tan estrictos con sus propios ciudadanos, sean tan estúpidos con los bonos basura y los productos inmobiliarios del sur de Europa?, ¿tiene algo que ver con la codicia?
En los últimos meses, las políticas económicas de Europa y de Norteamérica son cada vez más divergentes. América en línea con una cierta tradición keynesiana, propia de un gobierno progresista, continua con estímulos a la economía, dando prioridad al crecimiento y a la creación de empleo. Europa, bajo la amenaza alemana, se obsesiona con el déficit, elimina los estímulos, renuncia a crecer y es incapaz de plantar cara al capital especulativo. Alemania sacrifica a Europa en beneficio de sus exportaciones.
No hay que ser un genio para adivinar quien saldrá antes de la crisis.