dilluns, 27 de juliol de 2009

Regalo fungible

Ya hace algunos años que, a nivel familiar, hemos optado por una fórmula de regalo no acumulable y de consumo inmediato.
Este año, por segunda vez, mi regalo de cumpleaños fue un concierto, en casa y con los amigos.
Como abril, que es cuando cumplo, no era el tiempo más adecuado, decidimos trasladarlo al mes de julio.
El grupo musical fue Wadalupe, no sólo porque dos de sus componentes son de Castellar, sino porque me habían gustado sus conciertos de la plaça Calissó hace un par de años. Además, están en un buen momento después de la grabación de su disco “Ahora que el aire no es viento”.
Juntarse cuarenta y pico amigos para cenar, escuchar música, bailar, hablar y reirse es siempre una buene idea, si el tiempo acompaña y la música es buena, mucho mejor.
Incluso Rosa y Blanca que cargaron con el mayor trabajo de organización y cocina, con el toque final profesional de Clara, seguro que comparten que el esfuerzo valió la pena.
En Facebook hay unas fotos colgadas, fruto del pulso de l’Antonia y l’Eduard que dan una idea de lo que pasó.
La cena tuvo un espónsor inesperado: las cavas Mont Marçal. Blanca, la amiga de Águeda, nos proporcionó un magnificó cava y un excelente vino de su bodega.
Hoy no tengo un regalo guardado en el armario, pero tengo un gran recuerdo para siempre, compartido con gente a la que quiero.