dissabte, 26 de desembre de 2009

Mitjons

Es un hecho comprobado que la preocupación estética en el vestir es más femenina que masculina. Muchos hombres, incluso jóvenes, se visten, cada mañana, con la ropa que le prepara su mujer (o su madre), que además ha sido quien previamente la ha comprado.
Es cierto que el daltonismo es una carencia especialmente masculina, pero no creo que el número de afectados sea, estadísticamente significativo, como para justificar esta práctica.
Yo que no soy determinista, confío que estas costumbres respondan a hábitos culturales y no a un determinismo genético, y que las mujeres se impliquen en un nuevo objetivo en la batalla por la igualdad: educar estéticamente a los hombres. Después cada uno ya irá sofisticando su paladar.
Algunos hemos tenido siempre una cierta intuición, pero en algún momento de la vida se produce un punto de inflexión: el mío fue en el verano del 80, necesitaba un traje para un acto político-protocolario de obligado cumplimiento, que probablemente ahora no haría. Un vendedor de can Sauquet competente y bastante amanerado me enseñó un principio básico: cualquiera puede llevar un buen traje y combinarlo bien con la camisa y con la corbata, para eso están los vendedores, pero son más difíciles los zapatos, ya que la gente aprovecha los que tiene, y lo que no cuida, casi nadie, son los calcetines. En eso se distingue de verdad una persona “elegante”.
El vendedor me colocó un fantástico traje de lana fresca, una camisa discreta, una corbata “con clase”, (sin corbata tenia aspecto de “sureño”), unos zapatos con cordones ("los mocasines no, no") y unos calcetines a juego de algodón ("nylon no por favor") cómodos y absorbentes.
No me acuerdo cuanto me costó la broma, supongo que una pasta, pero la lección fue gratis y para siempre.
En realidad todo este largo meandro tenía que acabar en los calcetines, siguiendo el discurso del vendedor de Sauquet.
Mi experiencia y reflexiones posteriores, me han llevado a definir un código de niveles en el uso de los calcetines, que todo el mundo se puede aplicar.
(Está más pensado para los hombres y prescindo del apartado “calcetines blancos” que darían para un capitulo especial).

Nivel 1: los primeros que encuentro. Puede pasar (y pasa) cualquier cosa.
Nivel 2: todos negros y más o menos iguales. Normalmente los compra la mujer con sentido práctico a un marido con escasa imaginación.
Nivel 3: del mismo color que los pantalones o los zapatos. Es un paso.
Nivel 4: combinar por gama de color. Marrones, beiges, tostaos incluso algún granatoso puede combinar entre sí. Está al alcance de cualquiera que quiera superar la rutina.
Nivel 5: en realidad una variante de la anterior. Ahora hay algunas marcas que los fabrican de rayas, dibujos, mezcla de colores....que tendrán que tenerse en cuenta con los colores, texturas... del resto de la ropa.
Nivel 6: combinar por contraste. No recomendable para inseguros.
Nivel 7: provocación. Romper con los estándares estéticos. Al alcance de pocos... es muy pequeña la distancia entre lo genial y lo ridículo.
Y todo esto sólo de calcetines: el vendedor de Sauquet estaría orgulloso de mis progresos.
Ahora que lo pienso, ¿no sé si estoy hablando de calcetines?
¿Que daría, ahora, por una mirada cómplice?

2 comentaris:

Anònim ha dit...

TE FALTA 1 PUNTO IMPORTANTE!!
SI VAS CON SANDALIAS PASA DE LOS CALCETINES!!
CLARA

Pepe González ha dit...

vale!