divendres, 14 de maig de 2010

Huan, el hombre bueno de Hanoi

Intentar entender un país en 10 dias, visitando los lugares más turísticos, en hoteles de lujo y sin conocer el idioma es una pretensión estúpida.
Te paseas por tu cuenta por las calles (el país es absolutamente seguro), te mueves por lugares públicos, visitas mercados y regateas (también aquí es lo usual) por unos céntimos de dólar en casi cada puerta de cada ciudad o pueblo.
Ves como se la juegan en sus motos ligeras y como rezan en esa mezcla de religión con elementos budistas, confucionista y culto/temor a les muertos. Observas un cierto militarismo comunista en la tumba de Ho chi min y un capitalismos salvaje sin normas comerciales, económicas o urbanísticas especialmente en las dos grandes urbes.
Compruebas el nivel de sofisticación en sus hoteles de lujo, del servicio, imposible en Europa, del personal refinado, amable, de sorprendente elegancia y sutiles formas...
Huan es amable pero no es elegante ni refinado, tiene más de cincuenta años y ha vivido la historia tortuosa y dramática de un país que ha convivido tantos años con la guerra.
Curiosamente considera más enemigos a los chinos que a los americanos, de los que nunca ha entendido que pretendieran impedir la expansión del comunismo chino atacando a Vietnam, que era su mayor enemigo.
Se declara budista y en decenas de horas de conversación, ni una sóla vez le he notado un comentario que pudiera hacer pensar en una mínima inclinación comunista.
Durante 7 años estuvo en Cuba, por lo que su castellano es más que correcto, estudió microbiologia, disfrutó de la vida alegre, de la música, de las costumbres relajadas, de la cerveza y el ron y de la exhuberancia y afectividad de las caribeñas.
Su vuelta al Vietnam fue traumática, el control social, el conservadurismo en las costumbre, el intervencionismo de los padres en la elección matrimonial, el peso de la tradición, la miseria y los cuerpos “planos” de las mujeres de su generación, fruto de años de hambre, le hicieron huir, alistarse como soldado en la frontera con China buscando que lo mataran, pero “cuando uno busca la muerte, las bales no lo encuentran”.
Huan, aunque sea más cosmopolita y tenga contactos asiduos con turistas occidentales, creo que representa las virtudes, los defectos y las contradiciones del Vietnam actual: están contentos de haber superado la miseria, desbordan entusiasmo y ganas de avanzar, a veces demasiado de prisa, y al mismo tiempo son esclavos de las superticiones y de un sistema social rígido, ultraconservador y agobiante.
Tiene el trato natural y amable del mejor anfitrión, no tienen prejuicios en contarte su vida desde el primer minuto, es limpio de mente y sin dobleces y tras su aspecto canijo estoy seguro que se esconde un hombre bueno.