diumenge, 17 de gener de 2010

Paraula de bisbe

Reprodueixo algunes reflexions d’un editorialista de El País sobre unes declaracions del nou bisbe de Donostia. Entenc la religió i valoro, de forma positiva, alguns principis aportats pel cristianisme a la cultura universal, però tenint en compte el paper que juga la jerarquia de l’església, no entenc que encara quedin catòlics.

“El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, considera que "existen males mayores que la tragedia de Haití". ¿Y cuáles serían esos males mayores para el recién elegido para el cargo por el cardenal Rouco Varela, que ha causado un cataclismo en el clero vasco? Así los describe Munilla: "(...) nuestra pobre situación espiritual, nuestra concepción materialista de la vida".
Y para explicar semejante ocurrencia ante una opinión pública conmovida por aquella catástrofe, se aventuró por terrenos pedregosos: "Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo". Para minimizar los daños, y ante las críticas.... explica monseñor que sus declaraciones se produjeron en el marco del "plano teológico".
Un plano éste que permite, al parecer, justificar lo injustificable: "Trataba de explicar", dice el obispo, "que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra porque Dios les promete felicidad eterna". ¿De verdad libera de angustia a monseñor semejante argumento ante la vista de los montones y montones de cadáveres mutilados? ¿Deben pues ser felices los miles de niños aplastados por los ladrillos de sus infraviviendas? ¿Quizá deban serlo sus padres? ¿Ahora o en el momento del juicio final, cuando llegue el gran trompeteo?
Munilla quizá debería evitar en su labor pastoral las confrontaciones en el mundo de las ideas, y dejar esas consideraciones teológicas para tratarlas con los que comparten su fe. Recordemos que la bronca le ha llegado porque a una pregunta sencilla -¿cómo es posible que ese dios tan bondadoso que ustedes predican permita tragedias como la de Haití?- el representante de la Iglesia católica no halló más respuesta que esa atrabiliaria remisión a un paraíso futuro. Quimérica promesa ante tanta tragedia cierta, tanto dolor palmario, tanto grito de horror.

Millor no afegir res.