dimecres, 24 de setembre de 2008

Keynes

«Els homes pràctics, que es creuen lliures de tota influència intel·lectual, són usualment esclaus d’algun economista difunt.»

John Maynard Keynes és probablement l’economista més important del segle XX per a tots aquells que no siguin liberals radicals o “neocons”.
En època de crisi econòmica com l’actual, provocada per les desregulacions i la falta de control de les organitzacions financeres, tornen a l’actualitat les doctrines desenvolupades fa 70 anys, que van ajudar a superar la crisi del 29 i que van posar les bases pel desenvolupament de l’estat del benestar.
El mercat per si mateix no resol els desajusts del sistema o ho fa amb un cost insuportable per a la societat. Tal com afirmava parlant de l’equilibri a llarg termini que defensen els lliberals ortodoxos, “a llarg termini tots morts”.
L’economia no és una ciència neutral: hi ha polítiques econòmiques progressistes i conservadores. És necessari que la política intervingui en l'economia per corregir els desajusts del mercat i per introduir elements de política social.
Augmentar el diner circulant, reduir els tipus d’interès, augmentar les despeses públiques especialment en infraestructures per potenciar la demanda efectiva i afavorir la distribució de la renda a través de la política impositiva, són accions que en aquests 70 anys no han perdut ni eficàcia ni actualitat.
Avui, en una economia d’àmbit mundial, en què les polítiques estatals difícilment són suficients, torna a quedar clar que la regulació i la intervenció de la política en l’economia són absolutament imprescindibles.
Copio alguns elements biogràfics que ajuden a conèixer el personatge.

Cambridge (1883-1946) Se graduó en matemáticas y economía en el King’s College de Cambridge. En esta universidad entabló amistad con escritores y artistas del denominado grupo de Bloomsbury, entre los que se contaban figuras como Virginia Woolf, Clive Bell, Duncan Grant o Lytton Strachey.
Fue asesor económico del primer ministro británico
Lloyd George en la conferencia de paz de Versalles, en la que no fueron atendidas sus recomendaciones de disminuir las reparaciones de guerra alemanas para lograr así una rápida recuperación de la economía de los vencidos. Expuso sus desavenencias sobre este tema en Las consecuencias económicas de la paz (1919), obra en la que mostraba también su oposición al retorno al patrón oro.
En 1930 publicó Tratado sobre el dinero, donde avanzó algunas de las ideas que expondría en obras posteriores. En 1936 apareció su monumental Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, obra revolucionaria en la que atacó el mecanismo de ajuste automático del
desempleo mediante el descenso de los salarios reales que se encontraba en la base de las teorías clásicas y neoclásicas sobre el mercado de trabajo. Por el contrario, Keynes sostuvo que el equilibrio económico no tenía necesariamente por qué conllevar una situación de pleno empleo.
El modelo keynesiano partía de considerar la renta nacional como dependiente de la demanda efectiva. En consecuencia, la renta pasaba a depender de los componentes de dicha demanda, a saber: el
consumo y la inversión.
El tipo de interés adquiría el valor de equilibrio entre la preferencia por la liquidez y la cantidad de dinero en circulación. Cuanto más alta fuera la diferencia entre eficiencia marginal del capital y el tipo de interés, mayor sería la propensión a invertir.
La relación entre la
economía monetaria y la real vendría de la mano del mismo tipo de interés, ya que, por medio de la preferencia por la liquidez, dependería el comportamiento del ahorro, y, en consecuencia, de su variable complementaria: la propensión al consumo. De este modelo se desprendía pues, como medidas para la disminución del paro, la adopción de una serie de políticas económicas intervencionistas, a saber: aumento de la creación de dinero, lo que redundaría en un descenso del tipo de interés; aumento del gasto público, especialmente en inversión en infraestructuras, con el fin de potenciar la demanda efectiva y una activa redistribución de la renta.
En todos estos aspectos, las teorías económicas keynesianas se convirtieron en el nuevo
paradigma que deberían seguir los gobiernos occidentales tras la posguerra, y pueden considerarse como las bases del moderno Estado del bienestar.
En 1944, Keynes participó en la conferencia de Bretton Woods, en la que presentó el plan británico, de carácter fuertemente expansivo, que no fue adoptado en aras del Plan White, auspiciado por Estados Unidos, partidario de la vuelta al patrón oro.