dimarts, 2 de febrer de 2010

La espera o el motín de los números primos


Hace mucho que sabes que la situación es irreversible.
Desde aquella noche, camino de París ¿que ha cambiado?:
has perdido algunos miedos, te has hecho más fuerte,
te has montado una vida paralela gratificante,
has descubierto otro mundo donde cabe la alegría y el placer,
en el que puedes ser protagonista.
Un mundo, que ha hecho más fácil la espera,
más soportables los paternalismos y los reproches,
las caricias no siempre apetecibles,
el compromiso tantas veces fruto del complejo de culpa,
la renuncia a espacios de libertad.
Sabes que nadie valorará el esfuerzo,
que ni siquiera puede ponerse en la balanza:
es tu aportación a una infancia más fácil, a un circulo amigable y protector.
Has intentado dar un paso más hacia la libertad y se ha roto el juguete.
Ahora el pago ya no es suficiente.
Ya no se pueden mantener las contradicciones.
No hay vuelta atrás.
¿Cuanto tardarán en descubrir la realidad que intuyen?
Ya no es posible el equilibrio.
Es tiempo de dar el paso definitivo o renunciar.