
Ya sé que no debo, que lo que exige la amistad es buena cara y sonrisas, recrearse en los momentos de placer... pero estoy triste.
La semana que viene empiezas tu batalla más dura, contra el mal más traidor. Te van a machacar, van a indagar hasta en la celula más oculta, van a forzarte hasta el último recuerdo...recuerdas?, estupida pregunta a una mujer.
Es extraña la vida, verdad? Que lejos y que fuera de tu lucha, de tu defensa de lo que de verdad importa. Quiero estar y no estoy, quiero sentir ... quiero ser solidario con tu dolor, quiero entender que significa pedir un aplazamiento por que alguien te necesita viva.
Quisiera recuperar (pretensioso) la ilusión de hacerte olvidar. Lo sé, ya no.
Me impresiona la entereza, la gallardia delante de la vida, la certeza procedente de los ancestros celtas, “haberlas hailas”, la sonrisa deformada, el cuerpo derrotado y el espiritu vivo.
No has gestionado (se gestiona?) tu vida demasiado bien, lo sabes, y ahora tienes delante la oportunidad definitiva. Sé que te defenderás hasta el último aliento, hasta el primer aliento de tu próxima vida.
Escucho, mientras escribo, a Zbigniew Preisner, el “Requiem for my friend”, ya sabes estos jodidos católicos, no es un canto de muerte, es un canto de resurrección, te veo volver entre trompetas y cantos angelicales, orgullosa de ti, débil y vencedora.
Sé que no serán capaces de doblegar tu debilidad aparente y tu espiritu indomable.
Estaré, estaré... usa toda mi fuerza, mientras lo necesites estaré... y esta vez es verdad.
No me dejes llorar, te espero amiga.
La semana que viene empiezas tu batalla más dura, contra el mal más traidor. Te van a machacar, van a indagar hasta en la celula más oculta, van a forzarte hasta el último recuerdo...recuerdas?, estupida pregunta a una mujer.
Es extraña la vida, verdad? Que lejos y que fuera de tu lucha, de tu defensa de lo que de verdad importa. Quiero estar y no estoy, quiero sentir ... quiero ser solidario con tu dolor, quiero entender que significa pedir un aplazamiento por que alguien te necesita viva.
Quisiera recuperar (pretensioso) la ilusión de hacerte olvidar. Lo sé, ya no.
Me impresiona la entereza, la gallardia delante de la vida, la certeza procedente de los ancestros celtas, “haberlas hailas”, la sonrisa deformada, el cuerpo derrotado y el espiritu vivo.
No has gestionado (se gestiona?) tu vida demasiado bien, lo sabes, y ahora tienes delante la oportunidad definitiva. Sé que te defenderás hasta el último aliento, hasta el primer aliento de tu próxima vida.
Escucho, mientras escribo, a Zbigniew Preisner, el “Requiem for my friend”, ya sabes estos jodidos católicos, no es un canto de muerte, es un canto de resurrección, te veo volver entre trompetas y cantos angelicales, orgullosa de ti, débil y vencedora.
Sé que no serán capaces de doblegar tu debilidad aparente y tu espiritu indomable.
Estaré, estaré... usa toda mi fuerza, mientras lo necesites estaré... y esta vez es verdad.
No me dejes llorar, te espero amiga.