dijous, 21 de maig de 2009

Aquel año


Avui tinc ganes d'un canvi de registre


Aquel año fue especialmente lluvioso.
Fue un tiempo de sentimientos encontrados
de incertidumbres
de reacciones ante una realidad al mismo tiempo acogedora y hostil.
Catorce, son pocos años y son todos los años
en una madurez sobrevenida
y aceptada (o impuesta) a regañadientes.
Ya está, ya eres tú
sólo
descubriéndote
aprendiendo a aceptarte
dejando atrás el sentimiento infantil de formar parte de un todo.
De aquí debe venir el individualismo
el espíritu rebelde
y esa sensación de que a partir del último repecho
la subida a la montaña se hace sólo.
Atrás quedaba todo un mundo feliz y contradictorio
los amigos ahora ya desdibujados
la mirada o el roce de una mano
el barrio mal urbanizado, los patios de hormigón
la Alhambra presidiendo las horas tontas
los partidos de futbol y el primer cigarro
los largos días de verano en las plazas polvorientas
compartiendo amistad de sol a sol.
Y llegas o te traen y el universo cambia
el tiempo adquiere pautas y deja de ser tuyo.
Descubres, de golpe, la parte hostil del mundo adulto.
Te compran y te pagan (que placer el primer sobre)
y aprendes que un “caddy” es un mierda
al que se puede humillar sin argumento ni razón.
Y te comes tus lágrimas y tus mocos y te vas
y decides que no habrá más lágrimas ni más mocos.
Te endureces, te conjuras contra todo y te haces fuerte.
Después vino el taller y el espíritu solidario de los obreros
la sirena y el bocata gigante con coca-cola…
y las clases nocturnas, las jornadas inacabables y la poesía
disimulada, para no parecer más raro.
Y descubres esa lengua
aún no tuya, aún no absuelta, aún encorbatada.
Más tarde vino el vértigo y el olor a motor y a bronceador
pero eso… fue otro año mucho menos lluvioso.